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sábado, 21 de febrero de 2015

Nuevo baremo ANECA

Al hilo de la productividad científica y de como medir la productividad de los investigadores (aquí y aquí),  el nuevo baremo de la ANECA programa ACADEMIApara la acreditación de profesores titulares y catedráticos de universidad viene como anillo al dedo

Empecemos por la pregunta más fácil. ¿Es mejor o peor el nuevo sistema de evaluación que propone la ANECA? Sin duda alguna, el nuevo sistema es mejor que el anterior (aun actual), en cuanto que permite al candidato identificar aquellas aportaciones de su carrera científica que son relevantes y que serán finalmente evaluadas. No hace falta enumerar y justificar cada uno de los items de un investigador, sino únicamente aquellos de calidad y con impacto. Esto simplemente ya supone un ahorro de tiempo y energía considerable para todos. Además, los paneles de evaluación se estructuran en disciplinas concretas, y el resultado positivo de la evaluación da al candidato el derecho de presentarse a concursos de la figura acreditada únicamente del  área (o panel) acreditada. Por ejemplo, si yo me acredito en el panel de Informática, únicamente puedo optar a concursos de departamentos de Informática (antes la acreditación valía para todas las áreas) . 

La pregunta que más me inquieta no es si el nuevo baremo de la ANECA es mejor o peor, más cualitativo o menos cuantitativo, más justo o menos justo. (Todos los baremos son injustos por definición.)  El meollo del asunto está en si necesitamos un sistema de evaluación de profesorado. ¿Se puede prescindir del programa ACADEMIA? 

Imaginemos un escenario en el que las empresas privadas cobran en función del número de clientes, y no en función del valor añadido de sus productos. No importa si el producto es más bueno, rápido o bonito que el de la competencia. Al final de día, el reparto de las ventas globales se reparten entre las empresas de forma proporcional al número de clientes de cada una de ellas. Que una empresa tenga al mejor ingeniero o comercial, no implica que va a tener más beneficios. El valor añadido que pueden aportar empleados de calidad y productivos a sus productos no repercute en los beneficios.  La única forma de aumentar beneficios es aumentando la cartera de clientes, a costa de aumentar los gastos. En ese mercado ficticio, los procesos de contratación de nuevos empleados se devaluarían porque las empresas ya no persiguen fichar al mejor, sino a alguien que puede realizar el trabajo sin mas, exigiendo unos mínimos aceptables a modo de acreditación profesional.

Pero volvamos a la realidad del "mercado" universitario para compararlo con el mercado ficticio de antes. Las universidades son las empresas. Las universidades se financian en base al número de estudiantes (sus clientes). No importa la calidad de tu producto en cuanto a resultados de investigación o docencia que producen los profesores e investigadores. Al final del día: tantos estudiantes, tanto recibes. Entonces, no hace falta fichar investigadores estrella, porque lo que pueden producir influye escasamente en el grueso de la financiación para la universidad. En ese "mercado" real, los procesos de contratación de nuevos investigadores y profesores (empleados) están devaluados porque las universidades ya no persiguen fichar al mejor, sino a alguien que puede realizar el trabajo sin mas, exigiendo unos mínimos aceptables a modo de acreditación a profesor, como hace la ANECA. 

Se puede prescindir del programa ACADEMIA solo si se produce un cambio profundo en el sistema de gobernanza y financiación de las universidades. En ese supuesto, las propias universidad se preocuparían, y mucho, de fichar a los mejores y de realizar sus propios baremos de contratación. Mientras todo siga igual como hasta ahora, el programa ACADEMIA tiene su razón de existir.

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